14 octubre 2011

Al hilo del 12 de octubre

Escribir sobre la conquista del Nuevo Mundo es generar polémica. Así ha sucedido hace un par de días entre dos amigos de este blog, que han discutido de una manera ejemplar. Acceder

Es muy común hablar de la superioridad tecnológica de los conquistadores españoles para justificar sus victorias; ya se sabe, el manejo de la pólvora y el uso de los caballos como "armas de guerra". También es muy habitual pintar la América precolombina como una especie de Arcadia feliz. Ni lo uno ni lo otro es cierto, pero sería necesario mucho más espacio del que uso en el blog para entrar en sustancia en ambos asuntos. Así que solo aportaré una comparación y una reflexión.

El Imperio romano necesitó de más de veinte años para derrotar a los numantinos. Y no lo consiguió hasta que envió al mejor de sus generales, Publio Cornelio Escipión Emiliano, Escipión el joven (para lo que tuvo que cambiar el calendario, pero esa es otra historia) al mando de 60.000 hombres y 12 elefantes. En Numancia se habían conjurado los arévacos, que por cierto, disponían de una tecnología muy inferior a la de los romanos, y que no sumarían ni 5.000 soldados, y eso siendo muy optimistas.

Hernán Cortés conquistó Méjico junto a otros 400 españoles, más 32 caballos, 13 arcabuces y 14 cañones. Para ello tuvo que derrotar a los aztecas y a otros pueblos de aquel territorio. Cuando aquellos hombres llegaron a la capital de los méjicas, quedaron asombrados, puesto que jamás habían visto una ciudad tan populosa y desarrollada.

¿Cuál es la diferencia sustancial entre ambos hechos históricos? Habrá infinidad, pero desde mi punto de vista hay una decisiva. Los celtíberos formaban grupos heterogéneos, con continuas luchas y rivalidades entre ellos, pero sin un claro sometimiento de unos sobre otros. Por tanto, la romanización fue un proceso prolongado en el tiempo que obligó al Imperio a emplear numerosos efectivos militares. El caso de Numancia es meramente ilustrativo. Por el contrario, los aztecas subyugaban al resto de pueblos de Méjico. A los españoles, les sorprendieron sobremanera los sacrificios humanos, que prohibieron de inmediato. Cortés aprovechó esta situación injusta en su propio beneficio, y pactó con los pueblos sometidos convirtiéndoles en sus aliados.

No pondré a aquellos guerreros españoles como ejemplos de valores morales, puesto que es evidente que no lo eran, pero en el caso de los méjicas, sus oponentes estaban muy lejos de la imagen idílica que algunos quieren pintar hoy de manera maniquea.

Para quien quiera profundizar en la figura de Hernán Cortes recomiendo la biografía escrita por el mejicano Juan Miralles y publicada por Tusquets.

2 comentarios:

Antònia Pons Valldosera dijo...

Nunca he creído que Méjico o Perú fueran Arcadias felices simplemente porque no creo que existan. La condición humana es la misma en todas partes.
Los sacrificios humanos quizás sorprendieran a los españoles conquistadores pero en América del Norte existió la esclavitud hasta hace relativamente poco tiempo.
La historia de la humanidad se basa en el dominio de unos sobre otros. Siempre ha sido así y así va a continuar. Ahora la dominación es más sutil pero igualmente perversa.
¿Creeis que nos unen muchas cosas con hispanoamérica? A parte del idioma común, que muchas veces no entiendo con todo y ser español... Más bien diría que somos ¿pueblos hermanos? separados por una lengua común ;)
Por cierto hay una novela que a mi me gusta mucho que se titula Hawai. Es como una epopeya de los conquistadores de estas paradisíacas islas y sobre los beneficios que les trajo a los aborígenes la civilización occidental y el cristianismo.
Un abrazo.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Por cierto sé que lo sabes pero eso de dividir a los bandos enfrentados en buenos y malos no va conmigo, al menos eso creo. Puedo creer en las causas, en los hombres me cuesta bastante más :-P
Mi confianza en la naturaleza humana va dismunuyendo con la edad. No puedo hacer nada para evitarlo.