11 octubre 2011

12 de octubre de 2011

Mañana es 12 de octubre, y se pueden conmemorar muchísimas cosas. Porque un 12 de octubre de 1492 concluía el viaje más fantástico de la Humanidad que se había iniciado millones de años antes en el corazón de África. Por eso mismo, mañana será la fiesta de España. Y ahí, las cosas cambian. Cambiaron cuando Franco le plantó la camisa azul al Cid, a Cortés, a Agustina de Aragón, y a quien se le terció; y por ello, son multitud a quienes les asquean este tipo de celebraciones.

Cualquiera puede sentirse vasco por los cuatro costados, o catalán hasta el tuétano, o gallego, o asturiano, o berciano. No hay -ni tiene porque haberlo- el más mínimo problema en ello… mientras ese sentimiento no sea excluyente. Y aunque es innegable que ese “nacional-catolicismo” que encarnó el caudillo –y del que tanto se aprovechó, por cierto- no solo era excluyente, sino uniformador en el peor sentido del término, ya va siendo hora de superar ciertos complejos que no nos corresponden. Porque afortunadamente, España es mucho más que esas cuatro décadas tan grises. No sé con exactitud qué somos, pero tengo la certeza de que no seríamos lo que somos si no hubiésemos sido lo que fuimos. Ese es el sentido que debiéramos darle a este tipo de conmemoraciones.

Es evidente que si en julio del 1212, en las Navas de Tolosa las tropas cristianas abanderadas por el señor de Vizcaya hubiesen sido derrotadas por las que dirigía Mohammad An-Nasir, muy probablemente hoy hablaríamos otros idiomas diferentes en estas tierras, y habríamos sido educados en unos valores distintos. Y si en la primavera de 1808 el pueblo español en su conjunto no se hubiese alzado en armas contra el invasor, por muy culta e ilustrada que fuese la sociedad que éste pretendía imponerles, yo no escribiría lo que escribo en este momento. Lo mismo que si no hubiese leído alguna que otra vez a Cervantes, a Moncada, a Márquez, a Teresa de Ávila, a Delibes, o a Neruda. Y estoy seguro de que mis gustos serían hoy diferentes si en mis libros del cole no hubiesen estado las láminas de los cuadros de Velázquez, de Goya, o de Picasso.

Bucear en nuestra historia no nos garantiza que tomaremos las decisiones acertadas para los problemas de hoy en día ¡ojalá fuese tan sencillo! Pero nos vacuna contra el adanismo. Aunque solo sea por eso, mañana recordaré que hace poco más de quinientos años España protagonizó una de las mayores epopeyas de la historia de la Humanidad. Y que hace doscientos, los pueblos americanos iniciaron sus respectivos procesos de independencia.


Hoy te invito a leer Bandera, de Manuel Vicent

5 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Excelente post. Muy cierto, querido Fran. También ¡genial "La bandera" de Manuel Vicent! Lo leí el domingo. Gracias por traerlo aquí de nuevo. Besotes, M.

Rais dijo...

Una gran entrada de este blog.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Somos hijos de nuestro pasado. En lo que no puedo estar de acuerdo es en lo que sucedió después de la llegada de las tres caravelas al Nuevo Mundo, descubierto por casualidad.
Tampoco creo que el rechazo hacia esta Fiesta denominada de la Hispanidad, antes de la Raza, provenga de las camisas azules o las boinas rojas. Cierto es que se apropiaron de estos símbolos y de otros para justificar lo que no tenía justificación.
Tuve la suerte de tener un profesor en plena época gris, que muy sutilmente nos incitaba a ser críticos. Hablaba con nosotros sobres las películas que habíamos visto los domingos. A mi me gustaban mucho los westerns, aún me gustan, los buenos, los de la época dorada de Hollywood. Nos decía que la película hubiera sido distinta si se hubiera contado desde el punto de vista de los indios. Entonces éramos muy jóvenes y no le entendíamos del todo aunque algunos dejamos de aplaudir cuando llegaba el séptimo de caballería.
En cuanto al artículo, no puedo estar de acuerdo con que los logros de la Roja hayan contribuído a universalizar algunos símbolos como la bandera y el himno. Tal vez sea demasiado mayor o los años grises me traumatizaran de por vida. Además el fútbol me disgusta profundamente. Sobre todo lo que se mueve alrededor.
No voy a encender el televisor para ver un desfile anacrónico con cabra incluída. En estos momentos me gustaría ser andorrana, allí no tienen de esto, por otra parte perfectamente prescindible. Prefiero oír unas cuantas joticas aragonesas en el día del Pilar.
Un abrazo.

Rais dijo...

La historia de la humanidad esta llena de dramas y de conquistas. Por cierto, todos los pueblos del mundo han sido "conquistados" y ocupados alguna vez. Podríamos preguntarnos por los íberos tras la ocupación romana, sin embargo, ahora somos lo que somos porque en nuestras raíces tenemos carácter íbero pero también todo lo que nos dió Roma... y Grecia. Y no fue todo cultura, por supuesto. Las razones más allá de la codicia de unos pocos poderosos que impulsaron lo malo de la conquista tal vez sean díficiles de ver. Hoy , más allá de aquel drama, existe un vínculo entre muchos pueblos que si no fuese por tanto resentimiento se podría aprovechar para hacer cosas como echar abajo eseas fronteras que tanto nos separan. Pero quizá sea pedir demasiada evolución, como lo era hace 500 años pedir que se plantearan la conquista como un intercambio respetuoso. Estoy de acuerdo en que los Estados y los nacionalismos (español, alemán, estadounidense... catalán, etc.) en un mundo evolucionado y de conciencia son anacrónicos. Todavía no estamos ahí, por desgracia. Y mientras no estemos ahí muy a pesar de todos son necesarios los ejércitos. Sin Ejército ya me gustaría ver que nos ocurría con el Señor del sur, ese que tiene dominado y ocupado al Sáhara Occidental. La Hispanidad, en mi particular opinión, tiene mucho más de bueno que de malo (que lo tuvo). Y antes de la llegada de aquellos españoles, los indígenas tampoco vivían en un paraíso de libertad y democracia. Sacrificios humanos, esclavitud... eso ya lo tenían. Y después de 200 años de independencia sigue habiendo dramas humanos. Ojalá un día alcancemos ese Nuevo Mundo pero de verdad.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Lo cierto es que la Historia la escriben los vencedores. Nunca se oye el punto de vista de los vencidos.
Las razones más allá de la codicia las hubieran dejado escritas, creo yo. Todos los poderosos tienen tendencia a legarlas para la posteridad. Yo, desde luego, no las veo.
No hablo de prosperidad ni de abundancia pero sí que tenían otras cosas.
Sobre el ejército creo que ya lo teníamos cuando el padre de M6 invadió la provincia del Sahara y fue como si no lo hubiéramos tenido. No acierto a ver porque ahora la cosa iba a ser distinta si el chico que manda en los marruecos decidiera marchar sobre Ceuta, Melilla o Al Andalus;)