12 agosto 2011

Al hilo de la Europa que arde

Los acontecimientos que están sacudiendo el Reino Unido deben llamarnos a la reflexión. No sólo por su magnitud, sino porque realmente son la punta de un iceberg que se nos viene encima. Estamos atravesando una profunda crisis financiera, sin embargo, creo que es la menos grave de las crisis a las que tendremos que enfrentarnos.

Diariamente oimos que la generación mejor preparada de nuestra historia carece de futuro, y esa afirmación conduce inevitablemete a la justificaión de ciertas actitudes que son intolerables. También, diariamente, intercambio emails de carácter profesional con jóvenes que ha recibido una gran "formación". Sin embargo, la redacción deleznable y las faltas de ortografía de esos documentos dicen muy poco de la calidad de esa formación. Hubo un tiempo en el que gentes humildes, que por circunstancias de la vida no habían podido ni finalizar la enseñanza primaria, se sentían orgullosas de su caligrafía y de escribir correctamente. Tiempos del Pleistoceno para muchos masters del universo. Y aunque esto tenga su importancia, no es lo esencial del asunto. Desde mi punto de vista, la generación que tendría que pagar mi jubilación ha sido educada para reclamar derechos sin fin y no sabe, no quiere, o no puede enfrentarse a sus problemas.

Para mas inri, hemos construido la Europa del subsidio en la que resulta cómodo arrimarse a la teta del Estado y que nos las den todas. Si en algunas Comunidades Autónomas se han planteado pagar a los estudiantes con peores resultados académicos para que no abandonen, pobrecitos ¿Por qué va ha esforzarse su compañero de clase? ¿Qué motivación tendrá para arriesgar un dinero que tendrá que pedir a crédito para poner en marcha sus ideas cuando finalice sus estudios? ¿No será irresistible la tentación de de sumarse al sistema y trabajar seis meses, cobrar el paro otros seis y vivir de gorra en casa de sus padres? ¿No es mejor esperar a que me den el piso al que tengo "derecho" que ahorrar para comprar uno? No sigo.

Evidentemente, esta es una imagen sesgada de la realidad porque la juventud de hoy tiene un futuro muy complejo ante si. Pero, ¿cuándo fue fácil?

1 comentario:

Antònia Pons Valldosera dijo...

Estamos de acuerdo, en parte. A mi también me molestan las faltas de ortografía y no creo que estemos ante la generación más preparada de la historia. Más bien creo que los gobiernos se han esforzado mucho para formar mediocridades. Ahora bien, no podemos generalizar.
No todos los jóvenes parados esperan a que les den, no todos se limitan a exigir derechos y a rehuir deberes.
Lo que pasa en Europa es un síntoma de una enfermedad del sistema que hace aguas por todas partes. Paliar los síntomas no es curar la enfermedad. Cerrar las redes sociales y escarmentar ejemplarmente a los alborotadores no va a solucionar esta crisis de valores.
Las CCAA que se han planteado pagar a los peores para que sigan sus estudios no es porque les preocupe el absentismo lo que no quieren es que suba la cifra de parados.
Nunca ha sido fácil pero tan difícil como en la actualidad no lo recuerdo. En la posguerra tal vez.
Tengo un ejemplo en casa: Cecilia va a cumplir los 30, ha sido siempre un estudiante magnífica, está cursando su segunda carrera en la UOC (los créditos son mucho más caros cuando ya tienes un licenciatura) vive en pareja y tiene una hipoteca. Sigue siendo mileurista y da gracias a que tiene un trabajo al que acudir cada mañana. Hace tres años que no ha tenido unas vacaciones, trabaja muchísimo a veces sin poder cobrar las facturas. Los puestos de trabajo en el periódico están ocupados por personas no cualificadas porque les pagan menos.
El otro día me hicieron una entrevista. Las fotos son magníficas pero al leer el texto me preguntaba si tendrán correctores que los revisen porque da pena.
A mi no me extraña que Europa arda, hace tiempo que esperaba la explosión. Y esto no ha hecho más que empezar.
Las imágenes que se difunden por los medios no diré que no sean reales pero creo que buscan provocar el rechazo haciéndose eco de incidentes puntuales para desacreditar a estos movimientos de indignados en los que se mezclan elementos peligrosos. A veces me da por pensar de dónde saldrán y lo que pienso me asusta.
Un abrazo.