12 abril 2010

Despejándola Gran Vía abajo


Volvía de una noche toledana, Gran Vía abajo, cuando en aquella amanecida me pareció ver a un pintor delante de su cuadro. No pude resistirme, y me acerqué a aquel hombre que trabajaba concentrado en su obra. Él siguió a lo suyo, sin mirarme siquiera, pero yo continué fisgando porque la calle es de todos ¡faltaría más! El cuadro era realmente bueno, o al menos a mí me lo pareció. Así que con la insolencia de los veinte años, le espeté:

-No lo dejes, tú tienes futuro en este oficio, hazme caso que yo sé de lo que hablo.

Ni tan siquiera cruzo una mirada conmigo, porque aquel hombre parecía que solo tenía ojos para su cuadro y para aquella calle desierta que en un par de horas entraría en ebullición.

Años más tarde, estudiando un librote que acababa de comprar, descubrí que aquella madrugada estuve delante de una obra maestra y de uno de mis pintores favoritos. Tal vez no lo creas, pero ocurrió tal cual te lo he contado.

5 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

¡Vaya! ¿Le viste a Antonio López pintando la Gran Vía? Menuda suerte. Es un pintor fantástico a mi tambien me gusta mucho. Bonita historia aunque no sea verdad... Besotes, M.

Antònia Pons Valldosera dijo...

¡Vaya ojo artístico! Es una anécdota muy bonita.
Un abrazo.

Francisco O. Campillo dijo...

Merche
La historia es cierta y verdadera. Puedes creerla o no, pero eso ya no depende mí.

Antònia
Siempre me ha gustado observar a los pintores callejeros. Nunca he sentido una emoción como la de aquella madrugada. Posiblemente, los vapores del alcohol influyeron ;-)

Aldabra dijo...

nada menos que Antonio López, lo cual quiere decir que has vivido un hecho histórico.
bicos,

Merche Pallarés dijo...

¡Ah! Pues qué suerte. Al principio pensé que era verdadera pero luego pensé que podría ser un sueño tuyo... Besotes, M.