31 mayo 2013

De viejos soldados

Algunas veces Mariam me recrimina que siempre veo la vida como una pelea; no le falta razón. Los viejos soldados no alardean de sus heridas, pero algunas veces, cuando cambia el tiempo, les recuerdan aquella cuchillada antigua. Y fruncen el ceño. A mi me está pasando algo parecido. En estos días me está doliendo una de mis últimas derrotas: tres meses trabajando sin descanso, a doble jornada, con una operación de varices de por medio, sin ver a mi familia, para cumplir un compromiso que yo no había adquirido... y para terminar sin cobrar y perdiendo dinero. Os puedo asegurar que escuece.

Pero no me quejo. Lo digo sin ironía. Pienso en mi vecino, que hace unos meses perdió todo su pelo y se volvió esquivo por la enfermedad a la que tantos temen ponerle nombre. Ahora parece que se está reconstruyendo. En mi tía Tini, que ha visto como se le ha ido una hija, también por el cáncer; me cuesta imaginar un dolor mayor. Y sin embargo siempre me ofrece una sonrisa que vence su dolor, o al menos lo maquilla. En algunos de mis alumnos, que después de los cuarenta se enfrentan al paro O en mi hija, que mañana disputará una carrera para la que posiblemente todavía no esté preparada.

¿A qué viene todo este rollo? Pues a que acabo de oír por la radio a uno de los jerifaltes de nuestros ejércitos que este fin de semana celebran su día. Ha recordado el "vale quien sirve" como lema de los almogávares (sic) y he pensado que todos llevamos un soldado dentro. Sé que no es mi mejor yo, pero es lo que hay.

1 comentario:

Aldabra dijo...

sí no llevásemos dentro ese soldado, habríamos tirado la toalla hace tiempo, tal vez.

biquiños,