29 abril 2011

Atentado en Marraquech

Como hoy recogen todos los medios de comunicación, ayer se produjó un trágico atentado en la plaza Yemaa el Fna de Marraquech que se cobró al menos 16 vidas y decenas de heridos. En este momento, quiero enviar mi abrazo al pueblo marroquí que está sufriendo el latigazo del terrorismo.

Diversos analistas políticos afirman que este acto de violencia frenará las reformas que estaba dispuesto a impulsar el rey Mohamed VI, algo sobre lo que discrepo. Aunque no he encontrado los argumentos que sustenten su tesis, yo sí que aportaré uno de los míos.

La Transición española se vio azotada por infinidad de atentados -de diversas autorías- que no consiguieron detener los pasos decididos que emprendía el pueblo español. Juan Carlos I había "heredado" poderes casi absolutos en 1975, y en 1978, solo tres años después, se votaba una Constitución que nos convertía en verdaderos ciudadanos, dejando atrás nuestro triste pasado de súbditos.

Sobre las diversas acciones terroristas que se perpetraron en aquellos años, y en los posteriores, pondré solo un ejemplo, aunque hay docenas. El 24 de enero del 1977, cinco personas fueron asesinadas en el despacho de abogados laboralistas del número 55 de la calle Atocha. Muy posiblemente, el objetivo de los asesinos era provocar una espiral de violencia en el entonces ilegalizado Partido Comunista de España puesto que era conocida la vinculación de ese despacho de abogados con el PCE y con CC.OO. Sin embargo, aquellas víctimas fueron enterradas ante una impresionante muestra de duelo cívico en la que los comunistas demostraron a la sociedad española su compromiso inquebrantable con el proceso democratizador emprendido. Meses más tarde -el 8 de noviembre del 77- se legalizaba el PCE, y tampoco en aquella ocasión el atronador ruido de sables fue capaz de impedir que cristalizasen las ansias de nuestro pueblo.

En este momento, la sociedad marroquí demanda un régimen de libertades que permita que cada cual defienda de manera libre y democrática sus anhelos. La lacra del terrorismo no tiene porque impedir sus justas demandas. Al menos, el terrorismo no tiene porque tener de manera inevitable la última palabra.


P.S. Compartir la andadura del pueblo saharaui por su libertad no me impide -sino todo lo contrario- sentir en este momento el dolor del pueblo marroquí y desear que alcance la libertad que demanda.

3 comentarios:

pancho dijo...

Buen argumento, ojalá sea así como tu señalas.

Desde fuera parece un intento por parte de los islamistas de abortar las reformas que los marroquíes están consiguiendo con sus protestas pacíficas. Es la mano negra que siempre interviene para que los procesos se bloqueen.

Un abrazo.

Antònia Pons Valldosera dijo...

No creo que sean los islamistas, ni muchísimo menos. Ellos son los más interesados en las reformas que ya dijeron consideran insuficientes.
Más bien apostaría por otras opciones y me importa poco lo que digan los medios oficiales del majzén.
Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

No sé si este ataque se puede comparar a lo que pasó en este país durante la transición. ¡Ojalá! que así sea y el pueblo marroquí pueda vivir en libertad, al igual que el saharauí, por supuesto. Besotes, M.