11 diciembre 2010

La limpieza en el deporte

Tomé esta foto hace poco más de un año. Unos instantes antes, Marta retiró algo de basura del suelo para que evitar que alguna corredora se dañase en la carrera que iba a comenzar en sólo unos minutos. Ahora, espero que ocurra lo mismo.
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Lo espero por mis hijas, que adoran el atletismo. Y lo espero por tantos y tantos niños y jóvenes que desafían al frío, la lluvia, la Play, el sofá o el botellón... para progresar con su esfuerzo, su tesón y su coraje en un deporte en el que saben que jamás conseguirán las fortunas que se manejan en otros circos.
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Ignoro si Marta es culpable, aunque me gustaría que pudiese demostrar su inocencia. También me gustaría que Ana y María aprendiesen que la mejor manera para que no te derriben los ídolos es no levantarlos. Porque los seres humanos somos así de imperfectos. Y, sin embargo, capaces de realizar cosas maravillosas en algunas ocasiones.
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Anteayer, María me dijo que no sabía si ella llegará jamás a la élite del atletismo, pero me aseguró -sin necesidad de que yo se lo pidiese- que nunca haría trampas. Por eso quiero tanto a mis hijas, porque me ayudan a no perder la esperanza.

6 comentarios:

Raúl Urbina dijo...

En el atletismo (y en el ciclismo, en la natación, etc.) hay que destacar siempre y por encima de todo lo grandes que son los grandes. A veces, no son los que obtienen las victorias más grandes (a veces sí): son los que juegan (y corren, y pedalean, y nadan) limpio. Es decir, los DEPORTISTAS.

Me imagino que en el deporte de elite (sic) es relativamente fácil caer en la tentación y eso es lo que ennoblece a los que no se dejan (con)vencer.

pancho dijo...

Es de dominio público que a pan y agua no se consiguen esas marcas estratosféricas ni se suben a ese ritmo tantos puertos del tour en un mismo día, pero eso no tiene nada que ver con el deporte amateur que siempre es beneficioso para el que lo practica.
Siento mucho lo de
Marta. Nos la habían puesto como el espejo del deporte en nuestra comunidad.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Penoso.
Todos somos culpables cuando nos sentamos en la televisión para ver el espectáculo de las medallas.

Merche Pallarés dijo...

¡Qué tristeza que "casi" todo hoy en día sea falso, de plástico, de escaparate! Que tus niñas NUNCA caigan en esa trampa de los anabolizantes para conseguir ser campeonas. Como dice RAÚL URBINA, tienen mucho más valor los que quedan segundos, terceros o cuartos, pero limpios. Que lo han logrado gracias a su tesón y esfuerzo natural. Eso es lo que vale. Muchos besotes, M.

Frank Invernoz dijo...

La triste realidad es que el dinero lo estropea todo. También una desmedida codicia por el éxito, por ser famoso, en una sociedad que alimenta a diario los espectáculos competitivos.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Fran, ahora todo el mundo se escandaliza ante el dopaje ¿se dice así? Pero ¿de verdad nadie antes se había cuestionado los records que se baten en cada competición?
A decir verdad cuando un atleta entra en este Olimpo de los escogidos debe ser muy difícil sustraerse a las presiones. No lo sé, nunca he estado allí pero me lo imagino.
Hace años en la playa nos encontramos a una amiga de juventud de mi madre. Estaba con su nieta, de unos nueve o diez años. Esta niña estaba en una de esas escuelas de alto rendimiento, la abuela nos lo contaba henchida de orgullo. Decidimos ir a tomar algo. Mis hijas pidieron su helado pero la pequeña gimnasta no. No se podía saltar la dieta. Cuando explicó cuántas horas entrenaba y qué comportaba ser deportista de élite sentí una gran lástima por aquella pequeña a la que se le estaba robando la infancia.
Un abrazo