03 octubre 2010

Victoria agridulce


Ayer, mi hija María consiguió una victoria agridulce. Por primera vez pudo ganar a una de sus grandes rivales. Pero es que, además, Miriam es una de sus mejores amigas. Hace un par de años, cuando María comenzó su progresión, ellas no competían entre si. La diferencia entre ambas era tan abismal, que María miraba a Miriam como un ejemplo inalcanzable. Miriam participaba en los campeonatos nacionales, y María desempeñaba un modesto papel en el equipo de su colegio. Eran, sencillamente… amigas.

Uno de los frutos de esa amistad fue que Miriam animó a María, y a su hermana Ana, para que se hiciesen del
“Capis”. Y luego vino todo lo demás: entrenamientos, fines de semana de competición, controles para conseguir “la marca”…

María se crece ante las dificultades y demuestra sus mejores cualidades en los 3.000 metros lisos, una distancia inusual para una chica de 14 años recién cumplidos. Miriam es una gran competidora. Muy buena en los 1.000 y en los 1.500 obstáculos, una prueba de extraordinaria dureza. Y una chica excelente que volverá a ganarla infinidad de veces, aunque esto último sea realmente secundario.

¿Cuál será el futuro de Miriam y María? Naturalmente, lo ignoro, pero espero que sigan construyendo una sólida amistad, y que el deporte sea uno de los componentes esenciales que continúe uniéndolas. Porque quienes etiquetan la competitividad como algo negativo, está claro que no conocen ni a Miriam ni a María.

3 comentarios:

Loli Salvador dijo...

Quizás no sea lo mismo competitividad que competencia, luchar a la par con otros no es una lucha encarnizada entre varios; en cualquier caso tu ejemplo de esta entrada es tierno, hay lealtad, un modelo a seguir donde el ganar o el perder dependerá de otros factores y pasará a segundo plano si prevalece la amistad y el juego.
Felicidades a tu hija.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

Felicidades por lo dulce.

Merche Pallarés dijo...

¡Qué bonito ejemplo de una bella amistad! Como debe de ser. María está bellísima parece una gacela. Besotes, M.