10 mayo 2012

Madre, hoy... un beso

Llegaba el día de la madre y pensé enviarte un ramo de flores. Me pareció una buena idea, pero luego la descarté ¿Y si no estabas en casa cuando te las llevasen? Ya te regalaría algo cuando estuviésemos juntos.


Pero te has ido tan... de repente. Con esos prontos tan tuyos ¡Dios! Cuántas conversaciones  nos han quedado pendientes sobre esa patria tuya de la infancia. Los tiempos duros de la posguerra para una niña que nació en la primavera que alumbró el verano del horror. La abuela, que sacó adelante a doce hijos... que se dice pronto. El abuelo, que debió ser de órdago, y que tuvo que vigilar aquel cartel para que no le subiesen a la camioneta aquella noche interminable, pero que al final tuvo suerte... o no. Tantos días de clase perdidos para ir a por el pan, o a por alubias, o vete tú a saber qué. Tu amiga, la de los de Corbacho. Miguel y tú, vaya par de dos. La boina de falange que se convirtió en unas zapatillas que te ayudaron a pasar un invierno, o alguno más. Y Chari. Y Tini. La fábrica de bolsas. Y Basi. Y Encarna. Y Julio. Y Manolo. Y ... No sigo. No puedo.


La zapatería de Ávila. Madrid. Asturias. Y vuelta a Ávila.


Y luego... Burgos. Dos hijos que crecen cada día. Y tú, que siempre te sentiste tan sola. Tan sola. Pero jamás -jamás- regateaste el precio de tu libertad, ni lo dejaste al tedebo porque esa deuda siempre lo pagaste a tocateja. Aunque no hubiese para más. Hasta el final. Costase lo costase. Con un par.


¡Cuánto nos ayudaste con María y con Ana! Día a día. Cuántas mañanas haciendo lo que tenían que hacer sus padres... pero no podían. Cuántas tardes de parque. De hilar la hebra con otros abuelos -a quienes tanto debemos- pero sin perderlas ni un instante de vista. ¡Cuánto han aprendido a quererte!


Sé que nunca quisiste ser una carga. Tal vez por eso te fuiste. Así somos los campillos. Ahora tendrás que darme tiempo.


Solo quiero pedirte una cosa más. Si ves a padre, dile que no se preocupe por nosotros; que vamos tirando. Dile que Toño y yo hemos sido lo bastante espabilados como para encontrar dos buenas compañeras de andadura; una cada uno. Y háblale de sus nietas, porque él no llegó a conocerlas. También se fue pronto.

Y ya puestos, dile que una se parece un poco a él, así que ya puede buscarla ayuda. 

7 comentarios:

José María Sánchez y Torreño dijo...

Lo siento.

Antònia Pons Valldosera dijo...

:(
Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

Lo mismo... q.e.p.d. ¡Ánimo! Besotes, M.

joaquina dijo...

La vida en su caminar aparta de nosotros a seres queridos, pero continuamos llevándolos en nuestra maleta de los recuerdos.
Un fuerte abrazo!

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Un abrazo, Fran. Qué emotivo.

Anónimo dijo...

Los recuerdos te acompañan y llenan el vacio.
Animo.

Paco Delgado

Francisco O. Campillo dijo...

Gracias por vuestras palabras, reconfortan.