20 abril 2012

La factura

Para que los ciudadanos conozcamos el coste real de los servicios que recibimos, hace tiempo que se propuso que nos entregasen una factura cuando saliésemos del hospital -por ejemplo- aunque no tuviésemos que pagarla en ese momento, porque ya la habíamos abonado entre todos con nuestros impuestos. No me parece mal.

En la misma línea de forjar conciencia social, propongo que a cada cargo público (electo o digital, no hagamos distingos) se le entregue una factura mensual para que conozca cuanto nos cuesta a los contribuyentes. Nómina de los chóferes, tanto; amortización de vehículos oficiales, cuanto; alquiler del despacho y oficinas anejas; asesores; dietas; hoteles; seguridad; bombos, platillos; etc. Cada concepto en una línea, muy sencillito, con su IVA y todo. Por cierto, como sería muy difícil imputar los costes de las úlceras y demás trastornos que nos provocan entre todos, esa podría ser una partida de alzada, al estilo de las palas, picos y azadones.

¿Quién sentirá primero la necesidad de optimizar los recursos, el convaleciente o el cargo "púbico"?

P.S. Me gustaría ver el coste de cada minuto de intervención parlamentaria de alguno de nuestros diputados... y diputadas. Sería fácil con mi propuesta. Como alguno es de letras, le facilito la formulita: coste mensual dividido entre el número de minutos en los que ha tomado la palabra en ese mes. Me permito recordar que cualquier número divido entre cero... da infinito.

4 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Chapeau! Ojalá llegáramos a hacerlo. Besotes, M.

Antònia Pons Valldosera dijo...

No comparto este discurso, no puedo, no por la forma sino por el fondo.
Respecto a la forma, tú sabes bien que la palabra la toman los portavoces por tanto hay muchos diputados cuyo coste sería infinito.
Respecto al fondo nunca me han gustado los ataques indiscriminados hacia nuestro sistema de partidos políticos porque, si bien es cierto que hay políticos corruptos, algunos en la cárcel, o ineficaces creo honradamente que la mayoría son honestos y que trabajan. Si atacamos el sistema democrático basado en la pluralidad y representatividad de los partidos con argumentos demagógicos como el que hoy expones (el coste es lo de menos en ese discurso) nos veremos abocados ¡otra vez! a una época que algunos ya vivimos y a la que no queremos volver ni por un segundo.
A pesar de la crisis, a pesar de las dificultades, a pesar del paro no deseo que ningún iluminado me salve. Porque ya sabemos lo que viene después.
Un abrazo.

Francisco O. Campillo dijo...

Antònia
Comparto totalmente tu punto de vista. Es evidente que no domino bien la ironía.
Lo que pretendo poner sobre la mesa es que si es bueno (que lo es) que el contribuyente conozca el coste de los servicios que recibe, también sería positivo que los responsables de la cosa pública conociesen con exactitud el coste del aparato que ponemos a su disposición.
Y sigo creyendo que muchos entienden la política como una vía para "servirse" y no para "servir", lo cual es nefasto para la inmensa mayoría.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Lo siento, a lo mejor es que yo no he entendido la ironía, no que tú no la domines.
Recuerdo que, hace muchos años, un médico de familia después de reconocerme se sentó y empezó a conversar conmigo. Le dije que fuera había mucha gente y él me respondió:
-Mucha gente y pocos enfermos.
No quiero decir que los usuarios de la sanidad pública sean todos enfermos imaginarios pero de haberlos, haylos y todo el mundo conoce alguno.
Los números absolutos no significan nada. 10 millones o diez mil millones a mi me dan lo mismo. Quiero saber en relación a qué. Eso es lo que me gustaría saber: qué tanto por ciento de los presupuestos se destinan a Sanidad, a Educación, a los sueldos de los políticos, a Defensa, a Cultura, a Cooperación a la Iglesia etc., etc.
Que tanto por ciento de los gastos sanitarios va a suponer el diez por ciento de las recetas que vamos a pagar los jubilados. Y con lo que tengamos vamos a optimizar los recursos de los que disponemos. Y que lo hagan expertos, no políticos. Los políticos deciden, los expertos se ocupan de los procedimientos.
Esta especie de pedagogía de la factura ocasiona muchos gastos y no va a servir para nada porque después de toda una vida de pagar si estás enfermo lo que quieres es curarte, cueste lo que cueste.
La pedagogía tenía que haber empezado mucho antes y no ahora de modo apresurado y sin pensar. Y lo digo también por los medicamentos.
Hace tiempo una joven universitaria me pidió un Gelocatil. Yo le ofrecí un Termalgin y no lo quiso. Le juré y le perjuré que era exactamente lo mismo y no quiso escuchar.
¿Podemos ahorrar en políticos? Suprimamos el Senado, dicen algunos. Vale, reformemos la Constitución y sometamos esta reforma a referéndum y hagamos unos números: ¿cuánto vamos a ahorrarnos descontando los gastos que supone una consulta de estas características? Y luego preguntémonos si vale la pena o no. Y qué parche vamos a tapar con ese ahorro y si merece la pena cargarse de un plumazo la cámara alta.
Me sucede lo mismo con el Movimiento 15M: No nos representan, gritan. Pero es que este mismo discurso lo he oído en emisoras ultras y me ponen los vellos de punta. Parece que ambas ideologías están alejadas aunque yo las veo que se dan la mano.
Malos tiempos. Entre todos lo hemos jodido todo y ahora unos más, otros menos, cuestión de azar, vamos a tener que pagar las consecuencias.
Un abrazo.