28 abril 2012

El riesgo de adentrarse en el horror

Esta mañana llueve insistentemente sobre Burgos cuando llego a casa después de hacer la compra. Ana y María -mis hijas- están viendo una película: Katyn. La cogimos ayer en el videoclub, Mariam y yo, para pasar la tarde, y porque quería terminar una semana extraña. Cuando nuestras hijas llegaron a casa para cenar, les molestó que la peli estuviese a punto de acabar. Nunca pensé que quisiesen verla. Contaré los acontecimientos de los últimos días que atañen al post de manera telegráfica para no aburrir al fatigado lector.

Viernes 20. Mis hijas, Mariam y yo, vamos a la sesión nocturna; Los Juegos del Hambre. María había leído la trilogía y quedó impresionada. Quería ver la peli con ellas.
Domingo 22. En la pereza del domingo por la mañana, un crítico de cine avisa a los padres responsables de que "Los Juegos del Hambre" no es el tipo de cine que deban ver los preadolescentes, puede causarles serios daños.
Martes 24. María termina "1984" de Orwell. Tiene un profesor en el Instituto que le recomienda ese tipo de lecturas. Espero que no tenga que afrontar ninguna denuncia. El profe, se entiende.
Miércoles 25. Termino "Niños Feroces", la historia de un muchacho español que luchó en la División Azul.
Jueves 26. Se cumple el 75 aniversario del bombardeo de Guernica. Al regreso de su entrenamiento, y no recuerdo el motivo, mi hija Ana afirma que es necesario saber cuales fueron las barbaridades que cometieron los nazis para que no se vuelvan a repetir. Ana tiene 12 años.

La concatenación de estos hechos me han hecho sentirme muy apesadumbrado como padre. Ahora soy consciente de que estoy exponiendo a mis hijas al horror. Y me pregunto ¿Cuándo me sucedió eso a mi? ¿Cuándo algún irresponsable permitió que mi mente infantil se enfrentase al salvajismo del ser humano?



La foto de esta niña, Kim Puhc se publicó en 1972 y es obra de Nic Ut. Yo no pude verla en la tele, porque no teníamos por aquel entonces. Pero es la primera imagen del horror que soy capaz de recordar. Confieso que me impresionó.
Siendo adolescente, vi "Apocalipse Now", "Los Gritos del Silencio", "La Chaqueta Metálica", todas las series que emitieron en la tele -al final la compramos- sobre el Holocausto. Leí "1984" -como María, pero cuando la fecha del título era futuro- y "Rebelión en la Granja", El "Corazón de las Tinieblas", "Archipiélago GULAG"... no sigo por no aburrir. Solo quiero que quede constancia de una de mis eximentes. Si soy un padre irresponsable que no se preocupa porque sus pobrecitas hijas estén sometidas al horror, es por mi deficiente educación. Por eso mismo creo que una niña que llora desnuda después de un bombardeo de Napalm... es siempre una víctima inocente. Porque no soy capaz de indagar en las razones geopolíticas que alimentan esas acciones. Tal vez es que, además, soy un nihilista.
Pido perdón porque tantas lecturas y tantas películas me han secado el cerebro y porque no distingo entre los verdugos, que a mi me parecen todos iguales. Porque lo único que tengo claro es que ninguno de ellos es de los míos.

P.S. La película, Katyn, todavía no ha terminado. Me gustará saber que opinan mis hijas sobre ella.
P.S. 2 Si no fuese por cierto sentido de la responsabilidad que siempre he asumido, añadiría en mi descargo que Mariam jamás me ha afeado mi conducta aberrante. 

1 comentario:

Antònia Pons Valldosera dijo...

Querido Fran, mi bautizo de fuego en el horror fue cuando de jovencita allá por 1965 leí unos libros prohibidos en España sobre el holocausto nazi. El padre de una amiga me los prestó. Le habían llegado creo que de México.
Estuve una semana vomitando y con diarrea. En aquel entonces era una niña muy impresionable y en el cine veíamos cosas como Sissí emperatriz.
Después ya no me volvió a ocurrir se ve que me inmunicé aunque todavía hay cosas que me hacen llorar como la reciente visita al centro mártir Cheriff o el ir a los Campamentos.
En las guerras todos somos víctimas y verdugos. Cuando las guerras terminan los verdugos son los que siguen matando. Eso lo tengo más que claro.
Espero que los de los servicios sociales no vengan a tu casa a investigar qué clase de padre eres ;)
Pero a lo mejor aprenderían algo si lo hicieran.
Un fuerte abrazo.