13 abril 2012

El futuro de CAMINANDO

¿Cuál es el futuro de este blog? Incierto, como todo al fin y al cabo. Sin embargo, desde hace una temporadita me planteo qué demonios hacer con él. Por un lado, me siento obligado a cumplir con su objetivo inicial -la difusión de la causa saharaui- y por otro, el cuerpo me pide cambiarlo de arriba a abajo. Como su incidencia es muy limitada, también me siento libre para hacer lo que me apetezca, así que muy posiblemente, cederé a mis instintos.

En septiembre de 2005 subí el primer post a CAMINANDO, y desde aquel día, no ha habido ni una semana de ausencia. Durante este tiempo he conocido muchísimos otros blogs, y he disfrutado con una gran parte de ellos. Unos han crecido, muchos continúan, y otros... han desaparecido. He sufrido algunas pérdidas como si de amigos se tratase. En realidad lo eran. Y yo he seguido aquí, con los mismos huesos y con la misma memoria.

Si soy honesto -siempre lo soy en este espacio- tengo que reconocer que CAMINANDO ha sido atípico desde sus primeros pasos. Digamos... heterodoxo. Porque no es muy normal hablar un día de revueltas y agresiones contra manifestantes en El Aaiún, y al día siguiente de las carreras de mis hijas. Reconozco que no he sabido hacerlo de otra manera. Es lo que hay.

Algunas veces he cuestionado con ironía el peso de este blog. Mentiría si dijese que no me importa, aunque tampoco me quita el sueño. Lo que jamás haré será decir que escribo para mi mismo. Quienes publican sus textos y luego afirman que no les importa la opinión de los lectores, me parecen unos majaderos de tamaño folio. Yo escribo en CAMINANDO para que alguien lea los jirones de mi mismo que dejo en cada línea. Y en ésta, me he pasado de frenada.

No conviene dramatizar. Escribo porque me lo pide el cuerpo. Porque los homínidos sentimos la necesidad imperiosa de comunicarnos. Porque Blogger es gratis. Porque me da morbo que alguien caiga por aquí y disfrute de un par de minutos leyendo lo que yo solito he escrito. Porque hay muchas cosas nuestras que acaso no se digan... y porque hay que invadir el día.

Si no lo hago mejor, no pondré excusas. No es mi estilo. Así que intentaré provocar la reflexión serena, la inquietud, la curiosidad... y algunas veces, el puñetazo en la mesa. Vamos, como antes, pero más.

6 comentarios:

José María Sánchez y Torreño dijo...

Acabo de leer esta entrada. Yo aún no tengo muy claro por qué escribo pero eso ahora no importa. He hecho esa pregunta a google y me ha contestado con: http://elpais.com/diario/2011/01/02/eps/1293953215_850215.html

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Lo que más me gusta de esta entrada es comprobar que el cuerpo te lo sigue pidiendo. Aquí estaremos mientras eso pase.
Un abrazo, Fran. Caminando sigue siendo necesario, pero quizá también sea necesaria tu voz en otros aspectos.

Merche Pallarés dijo...

Uy, pensé que lo cerrabas... No, no tires la toalla. Aunque los comentarios hayan disminuido (lo mismo pasa en mi blog...) siempre es interesante lo que planteas y te aseguro que te leemos (por lo menos yo...). Besotes y ¡Ánimo! M.

joaquina dijo...

Bueno, podría comentarte bastantes cosas sobre eso a lo que andas dándole vueltas, pero no lo haré por este medio. Así que ya sabes, si quieres consejo, avisa y (tele)acudo rauda y veloz.
Un abrazo!

Antònia Pons Valldosera dijo...

Esperando impaciente.
En ocasiones hay que dar el puñetazo en la mesa y que los lectores podamos dicrepar desde el respeto.
Un abrazo.

Raúl Urbina dijo...

Coincido con Pedro: en efecto, creo que el cuerpo te pide contar historias. Creo que el nombre del blog, que estaba más unido a una circunstancia concreta, permite una lectura metafórica abierta a muchas más lecturas.

Me apena profundamente que la Burgosfera haya ido perdiendo presencia. Ya sabes que yo llegué con la Burgosfera bien empezada y consolidada. Luego, como comentas, muchos se han ido por el camino (lamentablemente, algunos de los grandes). Por tu forma de escribir y por la posibilidad de contar historias, creo que merece la pena seguir. Los lectores, a veces silentes, estamos ahí.