16 febrero 2012

Resistiré, resistiré hasta el fin

Buscando el vídeo que incrusté en el post anterior, me encontré con otro "Resistiré", el de Barón Rojo ¡qué curiosa es la memoria! Lo había olvidado, y eso que se incluye en "Volumen Brutal", el primer disco que oí completo en mi vida, y uno de mis favoritos. Por cierto, Barón Rojo es un pedazo de grupo, con unas letras que hay que saborear, y -desde mi punto de vista- el máximo exponente del heavy metal en español. 


Y éste "Resistiré", lo quiero dedicar:

A los cuatro hijos de puta que están saqueando impunemente el sudor de toda una generación, y destruyendo el futuro de la que viene; y a los chorrocientos sinvergüenzas paniaguados que disfrazan de conquista social sus privilegios particulares.

Lo siento, me ha salido una dedicatoria larga... pero me he quedado a gusto, porque no es tan fácil hacerme callar ;-)



La letra de la canción (que merece una lectura sosegada) está accesible en este enlace


Y para terminar, te invito a leer un post de Antònia sobre la dramática situación alimentaria en los campamento de refugiados saharauis. Lo tienes aquí.

2 comentarios:

José María Sánchez y Torreño dijo...

“Esto También Pasará”

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: - Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...

Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje –el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas –le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “ESTO TAMBIÉN PASARA”.

Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: -Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? –preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha –dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero. El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado. Entonces el anciano le dijo:

-Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Demasiados hijos de la gran puta. No nos queda otra que resistir o también cabe mendarlo todo a tomar por el culo.
Perdón por el vocabulario pero es que... tengo en mi familia a dos hijas que pertencen a la generación más preparada de la historia. Una que no está en paro pero como si lo estuviera y además sin subsidio y otra con el sueldo, la paga extra recortados y trabajando más horas que un reloj en planes estratégicos que se inventan 4 iluminados bien pagados que son una caterva de incompetentes. Oficinas virtuales en las que no funcionan la mitad de los links y con unos ejercicios absolutamente surrealistas que no se pueden solucionar porque ni siquiera están relacionados. Un copia-pega burdo y unos formularios plagados de faltas de ortografía. Hoy estaba desesperada porque no le gusta perder el tiempo. Va y se lo explica al tutor virtual y la contestación: excelente, muy bien, sigue así.
¡País!!!!!!!!!!!!!!!