05 diciembre 2011

Mi punto de vista sobre el Valle

Hace unos días, un comentarista del blog me afeaba esa actitud cínica que me provocaba una "pereza insufrible" para escribir sobre el Valle de los Caídos. He releído mi escrito, y creo que puede interpretarse de manera opuesta a su intención original. Así que me pongo manos a la obra; aún a riesgo de cometer el mismo error de nuevo.

Finalizada la guerra civil española, Franco decide construir un monumento para "perpetuar la memoria de los caídos en la gloriosa Cruzada". Aunque hay quienes pretenden que éste, el Valle, sea un "homenaje a todos los que murieron por una España mejor", esa supuesta intencionalidad está abocada al fracaso desde su inicio. No puede cumplir ese objetivo un monumento presidido, únicamente, por los símbolos de uno de los bandos enfrentados. Ni construido con el trabajo forzoso de los presos del bando derrotado.

Por estos motivos, jamás he visitado el Valle; y creo que jamás lo haré. En mi opinión, ese esperpento megalómano es el mejor exponente de esa España siniestra y cainita que aborrezco ¡Y mira que podemos ser siniestros cuando nos ponemos! ¡Y cainitas!

Y dicho todo lo anterior, me parece incalificable que un presidente electo, que ha desempeñado su cargo durante siete años largos, haya sido incapaz de encontrar una solución aceptable para el Valle (la eliminación de los símbolos franquistas, y la exhumación de los restos mortales que sean reclamados por los familiares que lo deseen para darles otra sepultura, por ejemplo), y ahora le pase la patata caliente a su sucesor. Ahora, precisamente ahora, cuando los españoles tenemos que encontrar soluciones para la crisis más severa de los últimos 70 años, no es el momento de enzarzarnos, una vez más, en disputas que solo contribuirían a debilitarnos. Si en tiempos de bonanza económica no hemos sido capaces de curar esa herida, hoy no haríamos más que emponzoñarla.

Comprendo los argumentos de quienes piden poco menos que la voladura del Valle. Afirman que en ningún país europeo existen monumentos erigidos en honor a Hitler y a Musolini. Pero olvidan -algunos intencionadamente- que Franco, a diferencia de los dos anteriores, murió en la cama, con todo "atado y bien atado". Su régimen no concluyó por la presión de los movimientos populares de protesta, ni por la intervención de un ejército extranjero de "liberación". Esta diferencia sustancial provoca sarpullidos en determinados sectores de nuestra sociedad ¡qué le vamos a hacer! ¡allá cada cual con sus miserias! Yo solo pido que no nos enreden a todos para que algunos se sientan más revolucionarios que el Che Guevara.

El Valle de los Caídos, desde mi punto de vista, es una vergüenza nacional que representa la incapacidad de los españoles para cerrar de manera digna la terrible herida de la guerra civil española. Hoy, más de setenta años después de aquella ignominia, podemos ir en procesión a orinar sobre los restos de Franco y, ya puestos, sobre los de José Antonio. Tengo la certeza de que esa explosión de ira colectiva contribuiría a calmar la conciencia de algunos. Yo, por mi parte, sentiría que todo aquel horror no habría servido para nada. Como tampoco serviría de nada convertirlo en un parque temático para contar a los escolares una historia que jamás ocurrió, pero que provocaría oleadas de placer en los antifranquistas "sobrevenidos".


El campo de concentración de Auschwitz puede ser visitado en la actualidad, y se conserva casi igual que cuando era una maquina de horror y exterminio. Quienes lo visitan, afirman que contemplar ese campo es un mazazo a sus conciencias. Tal vez sea positivo que el Valle quede tal cual está, como una verdadera lección de historia. Lamentablemente, para que esa lección sea efIcaz, habrá que haber leído un par de libros antes, y esa tarea sí que empieza a resultar insufrible para muchos jóvenes... y para algunos pedagogos.

8 comentarios:

Antònia Pons Valldosera dijo...

Fran, yo creo que no eres justo con Zapatero porque no es sólo él quien no ha encontrado soluciones aceptables para un monumento megalómano y cainita regado con la sangre de muchos prisioneros de los cuales conocí alguno que sobrevivió. Su gobierno promulgó la ley de la memoria histórica, eso sí, algo que ni Suárez, ni Felipe, ni Aznar intentaron. Así que la culpa es de todos nosotros. Y me incluyo ya que en mi pueblo en pleno parque campean el águila, el yugo y las flechas y nadie ha tenido la gallardía de sacarlo de allí.
Yo nunca he pisado el Valle ni el Alcázar de Toledo por principios y no creo que lo haga jamas ni aunque me pagaran para hacer cosas escatólogicas en las tumbas del camarada general y del camarada fundador.
Las heridas se cerraron en falso y eso hace tiempo que lo he comprobado en vivo y en directo. A principios de los 80 se concedió una indemnización a los heridos de guerra del bando republicano y a los prisioneros del franquismo. Estando en una celebración familiar tuve que oír algunas puyitas, que acallé con una mirada gélida y con una pregunta aún más gélida:
-¿Tienes algún problema? ¿Te parece mal? Pues protesta ante quien tengas que protestar que estamos en democracia. Después me marché lo antes que pude. No quise compartir mesa con aquel imbécil.
Es innegable que Franco murió en la cama y sin embargo cuando vi las fotos de su agonía pensé que un tiro en la nuca hubiera sido más misericordioso. Pero si este argumento se usa para decir que todos estábamos conformes con el régimen no sería cierto. Estábamos muertos de miedo. Aún recuerdo el fusilamiento de Grimau y eso que era muy pequeña. Los que habían perdido la guerra estaban mutilados, encarcelados o en el exilio y los que no, estaban vencidos, rendidos porque la represión fue tan cruel y terrible que todos, excepto algunos maquis se dejaron las ganas en las trincheras, en los campos de concentración y en las cárceles y muchos muertos en los bombardeos de civiles. Muchos perdieron a sus esposas, a sus niños o a sus padres bajo las bombas.
Confiaban en los aliados y éstos les dejaron en la estacada.
Recuerdo bien la visita de Ike a España. Tengo la imagen de miles de papelitos a modo de confeti volando por encima de su calva. Con esta visita se le dio el espaldarazo a un dictador que los vencidos vivieron como una palada más de tierra sobre sus tumbas.
A los niños nos quitaron la conciencia de clase, nos adoctrinaron de manera infame y también teníamos miedo porque si decíamos algo de lo que en casa se hablaba podrían meter en la cárcel a nuestros padres y a nosotros en un orfanato. Fue tan injusto que tuviéramos que oír, cada día, en las escuelas las glosas a los jerarcas sin poder decir nada porque nadie quería perjudicar a sus familias. Misas obligatorias, conciencias pacatas y reprimidas. Tenía 20 años cuando pisé Andorra por primera vez. Muchos iban a comprar o de paseo, está muy cerca, pero yo no podía porque mi padre no tenía pasaporte porque estaba en libertad condicional y tenía que ir todos los meses a firmar al Ayuntamiento.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Durante toda mi época escolar, hasta los 19 años no pudimos pronunciar ni una palabra en catalán. En la escuela primaria sí entre visitas de inspectores, en el instituto y la Normal ni una a no ser en el recreo.
No deso que se reescriba la Historia, ya lo hicieron los vencedores para que ahora hagan lo propio los vencidos. Quiro que la cuenten tal y como fue con todos los puntos de vista. Que los responsables vivos asuman el papel que jugaron en aquella locura y que nos pidan perdón si procede a los inocentes que sufrimos las consecuencias. Eso no sería tan difícil si, de verdad, todos fuéramos tan demócratas.
Que bombardeen el Valle o que lo dejen allí como testimonio mudo de una época gris y de un tiempo de silencio, me da lo mismo. Lo que me altera es ver camisas azules y boinas rojas cantando el caraalsol cada 20N porque prostituyen a la democracia. Lo que me indigna es que algún padre de la Constitución hable de bombardear Barcelona y que luego diga que los catalanes no tenemos sentido del humor. En esos casos me dan ganas de coger una hormigonera y cerrarles la boca a golpe de cemento.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Te pido disculpas por la extensión de mi comentario escrito desde las tripas.
Un fuerte abrazo.

Rais dijo...

La verdad es que uno se pone en el lugar de los demás y es fácil comprender el porqué de sus sentimientos desde las tripas. Es muy complicado dejar esto atrás y precisamente esto es lo que nos impide ser una sociedad madura. Sólo el tiempo (si no recaemos, ojalá que no nunca más) lo curará. Tenéis razón sobre el Valle y tenéis razón sobre la represión. En mi opinión fue una época de sangre y de odio. Yo soy de familia catalana, me refiero de lengua materna. Y quiero decir que Franco no fue el único hijo de la gran puta. Mi familia sufrió la represión atroz de los republicanos, que de demócratas y luchadores por la libertad tenían lo mismo que Stalin y Hitler o Franco. Paseillos, checas..., vamos que no figura en El Collell de milagro. Y después al campo de concentración de Santader (la plaza de toros) y después 3 años más de servicio militar y a un hermano lo devuelven para morir en casa por tuberculosis. Admitamos de una vez que no hubo ni uno bueno. Y que los unos vinieron porque ya no podían más con una España de señoritos explotadores y los otros para no caer en la sovietización. Como dijo Arturo Pérez Reverte, vaya país de mierda.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Rais ¿qué te voy a contar? Mi padre fue militante del POUM (primero del BOC y despues al fusionarse éste con E.C del POUM). Sufrió els Fets de Maig de 1937 por tanto eso hay que contarlo. Algunos ya hicieron su acto de contricción particular, otros como Carrillo al menos que yo sepa, no ha dicho ni una palabra sobre el tema.
Lo más dramático fue que en todas las familias o en casi todas se sufrió la represión de unos y de otros. Pero...yo puedo entender los sucesos acaecidos en el período inmediatamente anterior a la guerra o durante la contienda e incluso podría disculparlo. Fue una riada, un tsunami que arrolló lo que estaba en medio.
Lo de después me cuesta más. La represión sistematizada y orquestada, a conciencia me parece mucho más criminal. Y no creas que no entiendo a los que perdieron a sus deudos a manos de los izquierdistas porque una hermana de mi madre perdió a su marido que dejó a dos hijos muy pequeños, la menor no caminaba. Son mis primos y les quiero mucho lo mismo que quería muchísimo a mi tía. Esta es la verdadera tragedia.
Después del 75 vinieron a casa algunos del PSUC y del PSOE para fichar a mi padre que siempre dijo que NO. Lo que opinaba de ambas formaciones, murió en el año 83 y ya ha llovido, me lo voy a callar.
Se mantuvo al margen esperando que volvieran "los suyos". ¡Pobre Josep! Ya no quedaba ni uno y los que quedaban se cambiaron de chaqueta o más bien quizás fue el SUC quien se la cambió.
Saludos

Francisco O. Campillo dijo...

Antònia
Sabes que este blog es tu casa, así que me siento feliz de que aquí te expreses como te apetezca.
Por cierto, como tu padre fue militante del POUM... perdió dos veces la guerra. Para su desgracia, no pudo hacer como Orwell -regresar a su patria- así que tuvo que sufrir en la suya.

Rais
Comparto casi letra a letra tu punto de vista. Y te agradezco que nos cuentes la experiencia dolorosa de tu familia; y que lo hagas sin rencor.

Un abrazo con todo mi afecto para los dos.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

El Valle de los Caídos, tal y como está, es un monumento a la ignominia que solo se explica en un país como España.
¿Cuántos años tendremos que esperar para que se convierta en un lugar en el que haya un verdadero respeto por las víctimas?
Subscribo tus palabras.

Raúl Urbina dijo...

Coincido contigo. Y se me revuelven las tripas al pensar que Franco esté a los pies de un altar.