30 noviembre 2011

Reflexión prescindible por peligrosa

Algunos de mis conciudadanos han ganado durísimas oposiciones y luego han desarrollado brillantes carreras en la Administración. Otros han luchado para poner en práctica alguna idea genial, y con ello han construido empresas de éxito. Existen muchos que llevan años desempeñando sus trabajos con una dignidad ejemplar y atesorando una valiosísima experiencia. Otros son capaces de estremecernos con su obra, de motivar nuestra reflexión. Y algunos de ellos sienten que parte de cada uno de esos éxitos individuales tiene un componente colectivo. Porque fue la sociedad en su conjunto la que les facilitó la educación que les ayudó a formarse como personas, por ejemplo. Y creen que deben saldar esa deuda. Me han contado que hubo un tiempo en el que esos hombres y mujeres se ofrecían a la elección de los demás para dirigir esa sociedad y hacerla más justa y más próspera.
Por el contrario, yo vivo en un sistema dominado por unos grupos que se consideran indispensables. Y que construyen una maquinaria diabólica para confirmar esa patraña. Para prosperar en esos grupos no es necesario ser inteligente, ni trabajador, ni riguroso. Es más, esas cualidades llegan a constituir una rémora para quienes las atesoran. Porque en esos grupos medra el que asiente al instante, aplaude y jalea al líder, -sea éste quien sea- y se está muy quietecito en la foto. Y luego, malgasta el erario, insulta al oponente, y descalifica al crítico. Pan y circo... ¡qué son dos días! 
Con este panorama, pronto se incrementarán quienes tiran por tierra todo el sistema. El siguiente paso, será la llegada de los salvapatrias. Hace poco menos de cien años, Europa alimentó algunos de los totalitarismos más terribles que ha padecido la Humanidad, un puñado de esos salvapatrias. No se repetirá exactamente igual mañana, pero hemos sembrado la cizaña con ahínco. Seguro que nos sorprenden los frutos.
Y la verdad, es que el único sistema que ha demostrado posibilidades de construir ese mundo mejor que tanto anhelamos... es la Democracia. No permitamos que cuatro paniaguados la prostituyan para su exclusivo provecho.

2 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Se han sembrado vientos que traerán tempestades. Como bien dices, no de la misma manera, pero vendrán malos tiempos ante los que tendremos que estar alerta.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Fran, me temo que la democracia cotice a la baja.
Un abrazo.