05 julio 2010

Exilios VII - “Passaja” o, la posguerra

Un coche, dos, tres, cuatro y así hasta que te canses de contar, esto es en cualquier parada de “passaja” de los campamentos de refugiados saharauis y, en otras ocasiones no puedes contar ni uno. Su presencia allá donde fuere, poca o mucha, colma al corazón refugiado que sacia su inquietud viajera con verlos ir y venir. Es indistinta su clientela, se cobra la plaza y se abre la vereda. El conductor bien escondido detrás del turbante y gafas oscuras, apura el último guiño a alguna pasajera que le merece mucho más que eso, tal vez, una vuelta más por las ruinas de una casa de adobe abandonada.

Los coches de “passaja”, inauguraron la era posguerra, se pasaba radicalmente del patriotismo social al capitalismo. Entonces demasiados cerebros desocupados, creyeron y crearon otra forma de vida, una vida someramente distendida y particular.

En los tiempos de guerra había un bloqueo de ideas, impuesto por las necesidades reales del momento. Era y es, más urgente recuperar lo perdido que ninguna otra cosa y, por eso se sacrificaron vidas y vidas. En la guerra, no valían las medias palabras ni el regateo ni siquiera una conversación serenada. La contienda acabó como empezó, intervino el mundo unido y sesgó nuestras razones con una promesa que como antaño no se cumplió.

Cosas como estas no las digo yo, se dan en la gran mesa redonda móvil, que es el coche de “passaja”, donde se sientan contertulios disparatadamente distintos, diametralmente opuestos y contemporáneamente alejados. Una gran mole de palabras y lenguas que roza lo absurdo, se despereza para rememorar la guerra inacabada y el presente nefasto. El camino de las ideas que independizarán al país, apenas alcanza los treinta kilómetros o quizás cuarenta. El coche de “passaja”, se estropea en el camino y tú pagas lo mismo, es menester decir lo contrario al pobre conductor.

La plaza le sale rentable al dueño del vehículo y tal vez no, su negocio está en otros Lares y en otras manos, a saber porqué está en este. Las noticias frescas del día o las anécdotas más dispares, solo se sirven en un coche de “passaje”, no te engañes. En el Sahara lo caro sale gratis a los dirigentes. Hoy los muy revolucionarios y grandes patriotas no paran a nadie en el “control”. A mi paisano saharaui que no es dirigente, más bien de la vanguardia, le vale con la comodidad del “mercedes 190” para llegar a su destino y luego preparar su dinero para adquirir un coche que utilizará como “passaja” de seguro.

Que viva la paz mientras esperamos la guerra y, que viva el capitalismo, al final y al cabo, a estas alturas de la vida, es la forma más lógica de vivir, si no tienes aún una guerra pendiente o si.

Chejdan
Generación de la Amistad Saharaui

2 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

¡Otro excelente artículo de Chejdan! Estoy viendo a ese destartalado "passaja" con sus viajeros variopintos discutiendo sobre todo "bajo el sol", ja,ja... Besotes, M.

Antònia Pons Valldosera dijo...

¡Ay! estos coches de la Hammada. Nunca deja de sorprenderme que puedan arrancar. He viajado en viejos Land Rovers Santana, en coches del gobierno, en camiones y en autobuses, ahora que hay carretera.
Indefectiblemente siempre hay alguien esperando en el control. Paras y los viajeros suben detrás. Si tienen monedas pagan y si no, suben igualmente.
En una ocasión Lab nos echó una maldición:
- Sin mi no váis a llegar. Perdimos la gasolina, se incendió el tablier, el coche se paraba cada vez que cambiaban la marcha. Salimos a las 5 de la tarde y llegamos a Smara sobre las 12 de la noche. De vuelta corríamos más. El viejo 4X4 se topó con un banco de arena y se quedó con dos ruedas al aire. Un instante, tan solo, y luego recobró la estabilidad.
En los arcenes exiguos siempre hay alguno averiado. Sus ocupantes te saludan con la V de vistoria y te gastan bromas como que llames a la grúa o al RACC. A veces paramos para saludar y otras seguimos nuestro camino.
Este año Smara era como una filial de la Mercedes, coches enormes con la estrella que circulaban por todas partes.
Estos coches entrañables que, casi siempre añoro en el habitáculo de nuestros coches climatizados y estancos.
No hay nada como el horizonte infinito y el sol y el viento en la cara para degustar un fragmento de la Libertad. Y si tienen radio o cassete la felicidad es total.
Me gusta el relato porque adoro los passaja.