17 septiembre 2008

La escuela de Castro


La persona que no sabe sonreír,
es una persona que no sabe ser feliz.

Esta frase se encuentra a la entrada del Centro de Castro –así lo conoce todo el mundo- y allí puedes descubrir realidades sorprendentes. No en vano, muy posiblemente, sea el primer centro de educación especial en un campamento de refugiados en el mundo.


Castro recibió su apodo por su parecido con el Fidel de la revolución durante su etapa de guerrillero en el Polisario. Ahora se dedica a descubrir las capacidades de personas –niños y niñas en su inmensa mayoría- a las que es necesario dedicar un esfuerzo adicional. Todo un ejemplo.

4 comentarios:

Antònia P. dijo...

La labor de Castro ha sido y es extraordinaria.
Un abrazo.

Merche Pallarés dijo...

Parece ser un gran hombre y quizá por ese dicho a la entrada, los saharauis siempre sonríen... ¡Qué entrañable! Besotes, M.

Francisco O. Campillo dijo...

Antònia
Ha sido, es... y esperemos que siga siendo extraordinaria. Personas como él son muy necesarias, casi imprescindibles.

Merche
La verdad es que tiene su mérito mantener la sonrisa según en que situaciones.

Carlos dijo...

Lo conozco en persona.. es muy buen hombre :)