01 junio 2008

Experiencias compasivas

Leo que el último español que reside en Bagdad se llama Manuel Hernández, carmelita. En un escenario cruel, Monte Carmelo, Cisjordania, vivió Manuel Hernández la experiencia más compasiva de su vida cuando una anciana visitó su convento y tropezó:”Fui a levantarla… vi su número de prisionera de Auschwitz y me sentí profundamente hermanado con su tragedia”. Hoy al leer estas palabras me veo en la obligación de compartir con esta persona excepcional, Manuel, mi experiencia ante casi el mismo suceso: en otro lugar, en otro país, cuando trabajaba en un hotel situado en una ciudad que preserva un barrio judío visitado con frecuencia por viajeros que vuelven de Sefarad. Mi trabajo consistía en servir desayunos y cenas a los distintos grupos que se alojaban en el hotel. Teníamos un grupo de personas de edad avanzada y los jefes nos pidieron una serie de cuidados. Preciosas abuelas nos sonreían desde cualquier rincón y nos pedían café o té con suma delicadeza. Cuando ayudé a una de ellas a disponer la tetera en el lado adecuado de la mesa, vi su número de prisionera de Auschwitz. Hoy he llorado al acordarme.

Luisa Rodríguez

Así ha comenzado mi lectura de EL PAÍS SEMANAL de hoy. Y cuatro páginas más adelante, un artículo de Maruja Torres –que suscribo en su totalidad- y que finaliza así:

Si no puede hacer nada más. La igualdad, pásela.

Pues eso.

5 comentarios:

Isaac González Toribio dijo...

Conozco Cisjordania y he comprobado el sufrimiento que padecen hoy los palestinos. Lo dramático es que los verdugos sean los que antes fueran víctimas. Saludos

Francisco O. Campillo dijo...

Isaac
Algún día nos tendrás que contar tu experiencia en Cisjordania. Seguro que merece la pena.

Antònia P. dijo...

También leí el artículo de Mruja Torres, el domingo. Lo que se me pasó fue el de las miradas compasivas. Comparto los pensamientos de Isaac y al igual que él me he preguntado infinidad de veces cómo los judíos que tanto sufrieron en el holocausto ahora masacren al pueblo palestino.
No puedo entenderlo.
Isaac algún día tendrás que contarnos todo lo que viviste allí.
Un abrazo solidario para los dos

menta fresca dijo...

la memoria suele olvidarse de un pasado que no le interesa, que se le puede hacer pesado y más si no conviene, y no digamos ya si no se ha vivido.

Merche Pallarés dijo...

Lo de Palestina clama al cielo. Tengo dos links en mi blog que son muy interesantes. Uno es Gaza-Sderot, escrito por un palestino y un israelí y el otro (ahora no me acuerdo el nombre--está en mi blog, como digo) escrito por un israeli-pro palestino. Los dos están escritos en inglés (el del palestino es un poco más dificil de entender porque no domina el idioma tan bien como los israelies). Besotes, M.