29 enero 2006

Lahsen

Lahsen, a la derecha, en la wilaya de Hagunía en diciembre de 2003

El pasado sábado, me reencontré con Lahsen, a quien conocí en los campamentos de refugiados, en diciembre de 2.003. En aquel momento, él estaba levantando un centro de rehabilitación para niños ciegos, y me sorprendió que un pueblo que sobrevive en durísimas condiciones, tuviese siempre presentes a quienes necesitan un apoyo adicional. Para mi fue una gran lección de solidaridad.

Ahora, Lahsen colabora con nosotros, y nos esbozó como era su vida en Cuba, cuando era sólo un muchacho. Un nutrido grupo de niños y jóvenes saharauis estudian en Cuba donde viven un doble exilio: lejos de su tierra y lejos de sus familias.

No tienen ninguna oportunidad de viajar al Sáhara y por tanto, pierden el contacto con sus seres queridos durante más de diez años. Toda su adolescencia y la mayor parte de su juventud transcurren en una situación difícil de describir. Pondré sólo un ejemplo. Lahsen nos contó que pasaron siete años hasta que recibió la primera carta de sus padres.

Y por todo esto, ahora vamos a estudiar la manera en que nuestros escasos medios puedan mejorar las condiciones de vida de estos jóvenes.

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