06 diciembre 2012

Laura, empapada y dolorida


Esta foto es de Laura Casares, una extraordinaria corredora burgalesa. Está tomada el 14 de noviembre de 2010 en Palencia, en una mañana lluviosa que provocó múltiples caídas entre los atletas. Tengo muchísimas  más fotos de Laura, pero ésta es una de mis favoritas. Estoy absolutamente convencido de que al verla, mucha gente criticará la actitud de unos padres que someten a su hija a tamaño sufrimiento. No es así, pero como esta mañana tengo tiempo, me enrollaré un poquito.

Pertenezco a una generación de padres (y madres) que sobreprotegemos a nuestros hijos. Tal vez influya que vivimos en nuestra propia infancia los estertores de una dictadura. No lo sé, y no se trata ahora de eso. La cuestión es que evitamos exponer a nuestros hijos a cualquier situación dolorosa, y que nos esforzamos para que su infancia sea lo más dichosa posible. Si para ello tenemos que construir una realidad virtual, un trampantojo, pues manos a la obra. Y, paradógicamente, vamos a entregar a la generación que nos sucede un panorama desolador. El paro juvenil supera el 50%, qué se dice pronto, y los escasos trabajos que se ofrecen a estos jóvenes no les permiten independizarse. Qué esa es otra. Que no se sabe que fue antes, si el huevo o la gallina. Que si los jóvenes no se independizan porque no se lo permiten sus exiguos salarios, o si  esos sueldos son escasos porque quien los ofrece sabe que los complementarán esos padres-gallina que les darán pensión completa gratuita hasta que alcancen la treintena... y más allá. Sobre el naufragio del cacareado "Estado del bienestar" me ahorro el rollete.

Así que estamos criando a nuestros retoñitos entre algodones, sin negarles ningún capricho para que no se traumaticen, y luego deben enfrentarse a una realidad para la que no están preparados. Y no me refiero al aspecto académico, como es fácil de intuir.

Y ahí está Laura -que siempre le gana a mi hija Ana, por cierto- empapada y llorando. Posiblemente se cayó al resbalar sobre algún paso de cebra; pero se levantó y cruzó la meta. Sus padres son también atletas y le exigen que se superé cada día. No perdonan un fin de semana, haga frío o calor.

Ignoro cuál será el futuro que le espera a Laura, pero tengo la certeza que se está preparando para afrontar dificultades. No es mala escuela de vida. 

2 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Es ¡excelente escuela de vida! El esfuerzo, el sufrimiento, la alegría de la victoria, el simple hecho de llegar a la meta. Creo que el atletismo es un deporte fantástico para los peques. Los estais educando bien. Besotes, M.

Aldabra dijo...

a mí me parece una gran enseñanza y una prueba también que se hace ella a sí mismo... el esfuerzo por conseguir un fin no hace daño a nadie... hay una ilusión, una meta, un objetivo... y eso es hermoso, tener un lugar al que querer llegar.

muy emotiva la foto, desde luego que sí, dice mucho... porque hay que tener en cuenta que aunque Laura está con cara de sufrimiento, está arropada, abrigada, reconfortada por unas manos que la quieren y que están con ella a morir.

biquiños,