23 octubre 2012

El último mohicano

Yo comencé a ser lector de mal vivir con los tebeos. Vamos, como la mayoría de la gente de mi generación. Todos los domingos bajaba al estanco y compraba ése, el TBO, o el Mortadelo, o el Capitán Trueno o el Jabato, más tarde el Don Micky, luego los Hazañas Bélicas; depende de la época. Como no conseguía satisfacer el mono, y mi presupuesto era muy escaso, iba a las tiendas donde por dos reales podías leerlos usados. Recuerdo a la anciana Ana -al menos así la veía yo desde mis seis añitos, aunque seguro que no sobrepasaba la madurez- en un chiringuito de un portal de la calle San Juan, junto a las chatarrerías. Y luego, cuando se inauguró, a la biblioteca pública de al lado del cole. Yo tenía el número de lector 235, aunque el dato puede ser erróneo porque perdí el carné hace más de treinta años. Allí me tragué todos los Tintines, Asterix, y Películas. Incluso la Crónica de la Guerra de las Galias, de Julio César, que me leí sin haber cumplido los doce. Parece ser que los Asterix me sabían a poco ;-)

Y luego, ya con catorce, dí el salto. Y me merendé enterita la biblioteca del Padre Arámburu, donde hice la FP. Aún mantengo una deuda de gratitud con don Luis, aquel excelente profesor de Lengua, y bibliotecario de pro, que disfrutaba desasnándonos. Imagínense a cuarenta y cinco mamertos -yo uno de ellos- leyendo la Venganza de don Mendo en clase. Y ojito, disfrutando.

De los primeros libros sin dibujos que devoré mientras preparaba la comida para mi hermano y mi padre, hay dos que recuerdo infinidad de veces: Miguel Strogoff y El Último Mohicano. Ya los conocía de la colección Joyas Literarias Juveniles, pero no fue lo mismo. Aquellas novelas -que tanto le disgustaban a mi padre puesto que las consideraba una pérdida de tiempo- me exigieron un esfuerzo, pero me ofrecieron un gran regalo. Yo veía decenas de miles de tártaros cabalgando sobre ponis veloces por las estepas, centenares de casacas rojas con sus fusibles de chispa marchando entre los bosques, infinidad de indios acechando desde las sombras de la espesura con el tomahawk a punto de silbar en el aire... Era incluso mejor que el cine. Era Literatura. Y jamás me importó si Julio Verne había estado en Rusia o no, o si Fenimore Cooper había visto alguna vez un indio frente a frente, o si uno de los dos era alcohólico, jugador empedernido, ateo o medio pensionista. Yo disfruté de cada uno de los minutos que dediqué a aquellas dos novelas. Y a la mayoría de las que vinieron después.

Y lo recuerdo hoy, cuando yo soy el último mohicano. La rama más vieja de una estirpe que agoniza. Porque mi apellido -que posiblemente cabalgase junto a Rodrigo Díaz de Vivar camino del destierro- morirá conmigo ¡Joder! es la putada de ser padre de hijas. 

5 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

A pesar de todo, se te cae la baba. No lo niegues.

Lourdes dijo...

Cuando llegue el momento solo tendrás que convencerlas y para eso creo que falta todavía mucho. ¿Te veremos entonces dentro de muchos años con cachaba y ejerciendo de abuelo?
La ley en España en estos momentos dice que: atribuye a los padres la posibilidad de elegir el orden de los apellidos, cuando se solicita la inscripción de nacimiento del recién nacido, de modo que pueda figurar como primero el de la madre siempre que exista común acuerdo.
Como dice Pedro Ojeda, se te cae la baba.

Anónimo dijo...

La ley lo permite y las costumbres cambian. La mujer sigue mandando más que el hombre y, recuerda: Los hijos de mis hijas mis nietos son, los de mis hijos... lo sabe Dios.

joaquina dijo...

Os animo a ir a la biblioteca pública de vuestro barrio o pueblo. Desgraciadamente, en estos tiempos que corren, la inversión en bibliotecas públicas en nuestro país se está viendo afectada por la disminución de inversiones (menos dinero, disminución de horarios, despidos de personal), por eso que los ciudadanos sigan usando sus servicios,a pesar de todo, da valor a la razón de ser de estos centros culturales de acceso a la información y la cultura.
Vamos a la biblioteca http://olvidados.blogia.com/2012/102401-vamos-a-la-biblioteca.php

P.S. Fran, algun@s hemos sido ratones de biblioteca hasta tan punto que somos ya ratones profesionales.

Antònia Pons Valldosera dijo...

¿Pero que ven mis ojos?
¿Un hombre del siglo XXI lamentándose de tener solo hijas?
¿Sabes que decía mi padre cuando sus amigos le echaban en cara que solo había tenido "cogula"(cizaña)? Que él comería coca de viejo y ellos ya veríamos.
¿Qué más dan los apellidos, las estirpes y todo eso? El mundo va a ser de las mujeres en los próximos años y si no, al tiempo.
Una también fue una niña a la que le gustaban los Tintines (tengo toda la colección) y el Capitán Trueno (cuando debería haberme gustado otras cosas más de niñas) Y las aventuras de Tintín me siguen gustando y me hace reír el capitán Haddok y Blanca Castafiore. ¿Será eso un síntoma de vejez?
También descubrí las bibliotecas en el instituto. Las aventuras de Don Camilo me amenizaban los tediosos viajes en autobús y también mi madre decía que odiaba verme leyendo llibrots en lugar de estar estudiando las lecciones. ¡Ja, ja, ja!!! Hay cosas que nunca cambian.
Un abrazo.