04 octubre 2012

Divagaciones sobre las huelgas de estudiantes

Cuando era más joven, participé activamente en varias huelgas de estudiantes. Incluso en encierros de varios días en la Escuela Politécnica de Burgos. Ahora les toca a mis hijas, y como mi opinión ha cambiado, está claro que me he hecho viejo. Éste es un tema que procuro evitar, porque cuando hablo con sinceridad, parezco un outsider. Sin embargo, hoy tengo el día tonto. A ver si lo jodemos.

La huelga es un derecho fundamental de los trabajadores... por cuenta ajena (Constitución art. 28-2). Por tanto, no existen la huelgas patronales, ni las de los autónomos, aunque estos últimos también seamos trabajadores en nuestra inmensa mayoría. Pero en esta triste España que nos ha tocado en suerte, arresulta que ese derecho no está convenientemente regulado, porque ninguno de los gobiernos democráticos se ha atrevido a promover la necesaria Ley de Huelga (que hoy se llamaría Ley de Suspensión Temporal de las Obligaciones Contractuales de los Trabajadores y Trabajadoras). Pero vamos a lo que vamos.

El conjunto de los estudiantes de este país se benefician del esfuerzo de la denostada sociedad para que puedan ejercer su derecho a recibir una formación de calidad. Como los pensionistas, que cobran, no por lo que pagaron en su día, sino por lo que pagamos hoy quienes cotizamos. A eso, yo le llamo solidaridad, aunque la palabrita esté recibiendo demasiada mierda. Ellos -los estudiantes- no ofrecen su trabajo a cambio de un salario. Al menos, por el momento. Conviene abrir un paréntesis para recordar que cuando éramos ricos, algunos se planteaban pagar a los educandos; sería para compensarles el lucro cesante. Así que un estudiante no es un trabajador por cuenta ajena,. y por tanto, ni tiene sus obligaciones... ni sus derechos.

¿Qué ocurre si los estudiantes consideran que las medidas de este gobierno -para no irnos más lejos- están lesionando sus derechos y que la calidad de la enseñanza que reciben se ve mermada? ¡Pues que tendrán que protestar ! ¡Hasta ahí podíamos llegar! Pero no faltando a clase, pues estarían restándose un derecho, sino con manifestaciones o cualquier otra forma de protesta fuera del horario lectivo. Al igual que jamás entendí que una falta de disciplina de un estudiante se castigue con la expulsión temporal del centro docente, soy incapaz de comprender como defiende un alumno sus derechos dejando de ejercerlos de manera temporal.

Otra cosa muy diferente, es la estrategia del capitán Araña, aquel que embarcó las tropas al combate y se quedo en tierra. Y no sigo. O sí, ya puestos.

Mis hijas creen que la calidad de la enseñanza es inversamente proporcional al número de alumnos por aula. Hoy, como ha crecido ese número, pues se ha reducido esa calidad. Y es falso. Yo estudié en aulas de 45 alumnos y recibí una formación excelente. A las pruebas me remito. Lo que sí que es innegable es que a una mayor valoración social de los docentes, mayor calidad de la enseñanza. A mayor implicación de los padres -los verdaderos protagonistas del proceso formativo- mayor calidad de la enseñanza. A mayor participación de los alumnos, formación continua del profesorado, acuerdos duraderos de las fuerzas políticas mayoritarias que eviten vaivenes cuatrianuales... mayor calidad de la enseñanza.

¿Quién explica hoy esas cosas? ¿Quién diferencia entre el culo y las cuatro témporas? ¿Quién es capaz de defender el principio de autoridad en el aula? ¿Quién asume el reto de que los alumnos sean corresponsables en su proceso formativo? ¿Quién separa las legítimas demandas laborales del profesorado de los derechos inalienables de los alumnos? ¿Quién -dejadme que diga la última tontería- reclama el título de "maestro" y se deja de sandeces?  
   

6 comentarios:

amelche dijo...

Yo también estudié en aulas de 40 alumnos y recibí una educación excelente. Imagínate la que habríamos recibido si hubiéramos estudiado en aulas de 25. Porque está demostrado que, cuantos menos alumnos, mejor atención por parte del profesor y esto es como el médico: no es lo mismo que tenga sólo 10 minutos que dedicarte que si tiene media hora.


Además, el mundo hoy en día es muy diferente al mundo en que vivíamos hace 20 o 30 años. Nunca antes en la historia de la humanidad 20 o 30 años han supuesto tantísimos cambios sociales, tecnológicos, etc. Antes había más respeto a los mayores, no sólo a los profesores, sino también a los padres. Hoy en día no se respeta a nadie por ser mayor (y, supuestamente, más sabio que tú), es más, se cuestiona que haya que respetar a los mayores y las normas.

Antes la mayoría de la madres no trabajaban y estaban en casa, controlando los deberes y muchas más cosas. Hoy en día, no. Y eso se nota y mucho. No digo que sea culpa de las mujeres por trabajar, ojo. Digo que es culpa de este sistema laboral en el que, al contrario de los países europeos que acaban a las 5 pm y tienen tiempo para hablar con sus hijos, aquí los hijos se pasan la vida con los abuelos o la cuidadora. Los adolescentes pasan muchísimo tiempo solos y no todos son tan autodisciplinados como para ponerse a estudiar. Sobre todo, teniendo en cuenta todos los estímulos que tienen alrededor: tele, internet, móvil, play-station, salir con los amigos como hemos hecho toda la vida, etc.

Antes no existían los móviles y eso interrumpe mucho las clases. Y, por mucho que se prohiban, como no pongamos un guardia en la puerta para quitarles los móviles y devolvérselos a la salida es imposible de controlar. Porque en el momento en que yo estoy de espaldas mirando la pizarra, seguro que alguien está mandando o recibiendo un whatsapp o como se escriba. Por debajo de la mesa es muy fácil estar usando el móvil. Incluso hay padres que, sabiendo que están en clase, llaman al hijo o hija y, si en ese momento no tienen el móvil en silencio, interrumpe.

Antes no teníamos esa cultura visual que tienen ahora, antes leíamos (en libros de hojas, no en aparatos electrónicos). Y eso parece una tontería, pero no lo es. Porque la escuela sigue anclada, con alguna pequeña innovación, en los libros de texto. En cómo se ha enseñado toda la vida desde los griegos hasta ahora. Y el mundo, si es muy diferente de hace 20 años cuando yo era adolescente, imagínate si ha llovido desde los griegos...

Eso por un lado. Por otro, creo que sí falta más contacto entre padres y profesores, más hablar para ver qué queremos para nuestros alumnos e hijos. Y creo que eso es, en parte, culpa también del sistema laboral porque cuando yo llamo a muchos padres y madres, están trabajando y no pueden venir al instituto a hablar conmigo. Yo creo que, igual que se dan justificantes cuando vas al médico deberían darte un justificante cuando vas al colegio o instituto de tus hijos y que eso se admitiera en el trabajo. Porque es muy importante que los padres sepan cómo van sus hijos en la escuela. No sólo para los padres e hijos, sino para toda la sociedad. Los estudiantes que mejores notas sacan suelen ser los que más apoyo de sus padres tienen. Incluso los que sacan malas notas, si al trimestre siguiente hay más vigilancia y apoyo por parte familiar, se nota un montón la diferencia en los resultados académicos.

Y no me enrollo más, que te escribo un post en el comentario. Además, me tengo que ir a una evaluación inicial en mi instituto para seguir haciendo mi trabajo lo mejor que puedo y que sé. Un abrazo.

Ana

José María Sánchez y Torreño dijo...

Si he de elegir entre las palabras aquella que para mí es más bonita y llena de significado, esa es, maestro. Creo que si al final o antes de mis días alguien dijera de mí que he sido su "maestro" y yo me enterara, pediría morirme en ese mismo momento.
Soy docente pero callo. La "escuela" es un pilar de la sociedad que algunos (bastantes menos de lo que proclaman), intentamos mantener en pie y responder a la esperanza y esfuerzo de todos.

Antònia Pons Valldosera dijo...

Buenos días Fran y la compañía. Aquí una que ha sido enseñante durante toda su vida laboral.
Tus hijas tienen razón: la calidad de la enseñanaza es inversamente proporcional al número de alumnos por aula. Tal vez tú recibieras una formación excelente pero quizás el compañero de al lado que no tenía tu capacidad de atención o quizás fuera más tardo en la comprensión, no. El número de alumnos tiene que ver con la atención individualizada a todo aquel que la necesita. Si hay más tocan a menos.
Antes era mucho más fácil, llegaba el maestro y daba su lección magistral, mandaba tareas y luego corregía y evaluaba: suspenso, aprobado, notable o sobresaliente. El alumno era un sujeto pasivo que en el aula se limitaba a escuchar y a obedecer. Afortunadamente las cosas cambiaron y a través de reformas, algunas innecesarias también hay que decirlo, el discente se convirtió en el artífice de su propio aprendizaje. Los maestros empezaron a respetar los ritmos diferentes de cada alumno. Y eso requería y requiere poca ratio que debe bajar cuando más pequeños son los niños.
Y aunque no lo parezca es un factor que va ligado a la disciplina u orden necesario para poder trabajar de manera eficiente: si un niño se aburre porque su mente es demasiado rápida o porque es demasiado lenta va a alterar la clase, va a enredar a maestros y alumnos. ¿Qué hacer con ellos? pues muy fácil quitarles de enmedio para que los alumnos digamos estándar puedan trabajar. Al pasillo o a casa, me da lo mismo. Tiene que ver también con la pérdida de autoridad del que enseña: últimamente se ha puesto de moda eliminar barreras entre profes y alumnos, sin embargo al maestro se le paga para haga un papel y éste no es el de "colega" y tiene que ver también con la pérdida de autoridad paterna. Los padres nunca pueden ser amigos porque entre sus funciones está la de educar: es decir enseñar a sus hijos unos valores y a distinguir entre el bien y el mal y eso que parece tan sencillo no todo el mundo sabe hacerlo. No hacen falta demasiadas normas pero las que se dan deben ser aplicadas siempre y en todos los casos o el niño no va a saber a qué atenerse. Si la disciplina se imparte cuando los padres están descansados y se hace la vista gorda cuando están agotados la cosa no funciona.

Antònia Pons Valldosera dijo...

La escuela como la Santa madre siempre ha ido por detrás de la evolución en la sociedad. Vivimos en una sociedad tecnológica y resulta que nosotros los maestros prohibimos la tecnología en la escuela. No quiero decir que los niños deban pasar el día mandándose whatsappes. Habría que encontrar las estrategias para incorporar el móvil 3G al aula porque está en la vida del mismo modo que tarde y mal se incorporaron los ordenadores.
En cuanto al derecho de huelga decir que mientras no nos lo supriman que tal vez lo hagan vistos los tics facistoides que muestra este gobierno, va a ser el único medio que van a tener los trabajadores para defender sus derechos frente al abuso patronal. ¿No es conveniente que nuestros hijos también aprendan? tal vez ellos no reciban un salario por su trabajo: estudiar, aunque yo siempre he creído que deberían como sucede en otros países, al menos cuando están en edad laboral (también he creído y defendido la conveniencia de reducir horas lectivas a estudiantes universitarios para poder incoporarse en jornada reducida a la vida laboral) La comunidad educativa forma parte de una sociedad y no puede permanecer ajena a sus problemáticas. Tal vez sea más educativo para el futuro de nuestros hijos una huelga que un mes de lecciones en aulas atestadas.
El reto consiste en ofrecerle herramientas más que conocimientos, herramientas que les permitan desenvolverse en la vida. Y el derecho a defender sus derechos es una básica. Que seamos capaces de enseñarles a aprender, que potenciemos su curiosidad y que cuando no tengamos respuestas, que muchas veces no las tenemos, las busquemos juntos.
Estoy por decir que más de la mitad de lo que se enseña no sirve para nada ni va a ser utilizado nunca después de la escuela por tanto no importa demasiado si el temario se termina o no. Lo importante es que el alumno ante una dificultad sepa como resolverla y sepa a dónde debe ir para hacerlo.
Un abrazo.

joaquina dijo...

Iba a comentar sobre la necesidad de enseñar a aprender, de ofrecer herramientas y recursos donde obtener información para aumentar el conocimiento. Pero he aquí que Antònia se ha referido a este "reto", y ya me ha hecho la labor. Vivimos en la Sociedad de la Información, y mucho estudiantes sólo recurren a la Wikipedia para "saber más", cuando los recursos informativos y formativos de calidad son muy numerosos. y en este aspecto hago una defensa del valor de las bibliotecas (sobre todo las públicas y las universitarias) -tiro para casa- como centros de acceso a la información y al conocimiento para la sociedad; bibliotecas que están viendo reducidos sus presupuestos de forma grave.
Saludos!

Francisco O. Campillo dijo...

Es una gozada discrepar con ciertas personas. Porque al final, aprendes y te enriqueces. Gracias por vuestras aportaciones, sinceramente.