18 julio 2011

18-J-36

Hoy hace 75 años que las dos españas que a algunos nos hielan el corazón se enzarzaron de manera despiadada entre si... una vez más. La orgía de sangre duró casi tres años, hasta que una cayó exangüe; cautiva y desarmada.
Y luego, la otra, siguió apaleando sin piedad.
Goya lo pintó mejor que nadie. Mejor incluso que mi admirado Picasso. Porque fue capaz de reflejar las entrañas de nuestro yo más cruel anticipándose a la esencia destructiva que nos acompaña y que nos lastra, y que se despachó a sus anchas ciento y pico de años después de que el genio alumbrase esta obra, testimonial y premonitoria al mismo tiempo. Ese yo -el de la España de la que tanto renegamos- que tendremos que superar, de una vez por todas, para construir otra España: la de mañana, en la que quepamos todos.

3 comentarios:

Antònia Pons Valldosera dijo...

Vamos a necesitar toneladas de tolerancia y que sepamos enseñar a nuestros hijos a analizar la política con el cerebro en vez de con las vísceras.
Tal vez a nosotros nos falte distancia y práctica. Aún así hay que intentarlo.
Un abrazo.

Los duelistas (videoblog de libros) dijo...

Esto que empezó hace 75 años, ¿se acabó hace 72? porque a veces parece que no.
Luis

Merche Pallarés dijo...

Ese cuadro de Goya es ¡terrible! Menos mal que, creo, hemos evolucionado. Besotes, M.