Nuestros vecinos del Norte de África viven un momento que resultará decisivo para su futuro... y para el nuestro ¿Hacia dónde caminarán Túnez y Egipto? ¿Cuándo y cómo finalizará la guerra en Libia? ¿Enterrará el terrorismo las reformas anunciadas en Marruecos? ¿Concluirá, de una vez por todas, el proceso de descolonización del Sáhara Occidental?
Podría seguir con interrogantes de este tipo, no tiene sentido. Porque tenemos a nuestro alcance la solución a todos estos dilemas: la realpolitik. Y si entendendemos como realpolik la aplicación de aquellas estrategias que benefician a nuestros intereses favoreciendo los equilibrios que eviten el crecimiento de nuestros enemigos, el siguiente paso es también muy sencillo de deducir.
Únicamente la defensa de los derechos humanos en toda la región, y el impulso a la creación de regímenes verdaderamente democráticos creará las condiciones que garantizarán un marco de estabilidad duradero.
Por ese motivo, es inadmisible que defendamos la guerra en Libia y, simultáneamente, miremos hacia otro lado ante las violaciones de los derechos más básicos que se perpetran en el Sáhara Occidental bajo dominio marroquí. Tal vez la vieja Europa -qué vergüenza la de Francia- se merezca una nueva invasión bárbara. Pero antes, deberemos mantenernos firmes en la defensa de los valores con los que podrían construir un mundo mejor y más justo.




